Muerto!
Aturdido y sumergido en la luz y blancura incómoda del lugar apretó y abrió sus ojos, uno a la vez; queriendo reconocer el lugar donde se encontraba.
No pudo.
Sacudío la cabeza y respiró pausadamente para cerciorarse de que era él, para tomar conciencia de que estaba allí; nuevamente intentó salir de la oscuridad a la que su vista se encontraba acostumbrada y sintó la boca seca; resistiendo ante la emoción de desesperación y agotamiento mental entreabrio sus ojos; insomnes y apagados, ahora cargados de sueños grises y melancolía. Permaneció inmóvil en ese silencio, apenas si despierto, aburrido de todas esas pesadillas y sombras demoniacas alimentadas de escasos recuerdos.
Vencido volvío a su oscuridad mental, sin poder reconocer nada, sin lograr recordar como diablos había terminado allí y porque tenía esa inmensa necesidad de beber algo. Se resigno, como la mayoría de las veces. Vació su mírada imaginandose nuevamente frente a ese abismo, enamorado de la negrura que albergaba su corazón y ahogaba sus emociones cubriendolas de indiferencia. “No vales nada” se mentalizó mecánicamente.
Cuando no logró percibir ningun sonido que le alertara de la naturaleza del lugar fue el momento en que “temío” estar sordo, incluso después de echar unos vistazos fugaces a los alrededores de donde se encontraba tendido llego a pensar que podria estar ciego, sin embargo la intensa luz que se colaba por lo que imaginaba era una ventana y sus cortinas le negarón esa posibilidad. Ya no era más ese muchacho suspicaz, pensó y mostró una falsa sonrisa ante la irónia, no tenía ánimos de averiguar donde estaba, ni de recordar porque estaba ahí, si aún contaba con brazos o piernas, sí podía ver o escuchar dejó de parecerle importante. Se quedó simplemente ahí de la misma manera que sintió despertar, como si cualquier cambio por minúsculo que fuera rompierá toda esa fragilidad que le envolvía. Es que ya nada le parecía importante.
Todo se había vuelto gris, aburrido, dificíl, incompleto, vacío, demandante, inexplicable... todos esos pensamientos salían uno tras otro como si no pudieran aguantar más tiempo en la sumisión y es seguro que ninguno se asociaba con algo bueno. Dios, Satán ó quién fuera se burlaban de él de las formas más inconcebibles, no era más que otro de sus experimentos en su pequeña granja de hormigas. Sólo quería regresar a casa como tantas veces se imagino siendo recibido como un heroé después de pasar tanto tiempo persiguiendo un sueño que nisiquiera era suyo, construyendosé una vida que jamás quizó, mutilando sus sueños de la forma que jamás imagino.
“Lo intenté; de verdad que lo intenté hice todo lo que pude” gimió vencido para sus adentros sin cambiar la inexpresividad de su rostro o su cuerpo. “¿Acaso es esto lo que merezco?”
Quería hablar, escupir las palabras fuera de su cuerpo, sin embargo no se sentía capaz siquiera de creer poder hacerlo, quería gritar y desnudar su corazón, no quería sentir ese miedo amargo en cada una de esas malditas letras que conocía y siempre le dejaban aún más sediento... inmóvil se dejó a la deriva aterrado, no podía creerlo.
La idea más perversa que jamás hubiera cruzado en su entendimiento ahora se proyectaba en la pesadilla de toda su vida, esa última idea que había cruzado su mente fue la que le sobrecogio y se vió en segundos aferrado al par de sabánas tiritando, el frío no se coló en su piel sino en su cerebro.
Él... M-U-E-R-T-O
Deletreo cómo si la palabra cobrara vida y rierase de él como todo en el mundo.
MUERTO.
Cómo todas aquellas veces les escucho anunciarlo cómo si de una cosa importante no se tratará. MUERTO.
“¿Es que acaso tu sí llegaste al cielo?” Pensó sigilosamente en un silencio sepulcral .Recordó subitamente sus palabras escuchando risitas internas cómo si todos sus pensamientos tan solo fueran chistes mal contados. Abrió los ojos aterrado, lo único que veía era un blanco absoluto. Su pobre vista se fijo nuevamente cada centimetro periférico alcanzable asegurandole la perfección del lugar. Bueno, el lugar impecable seguramente no pertenecía al infierno ¿o sí? Preguntó autómata a un yo invisible.
Y si estaba muerto ¿Por qué nadie se lo dijo? ¿Por qué nadie le despertó para decirle que era hora de enfrentar su último juicio? Seguro que a él le hubiera encantado la idea de saborear lentamente su derrota ante aquella dama elegante, sentir como lo llevaba a una tierra extranjera y quizá dar por resueltas todas esas dudas que lo ahogaban.
Le hubiera encantado saber como era entonces esa tierra desconocida, si sería como las representaciones que había admirado en sus múltiples viajes y de los cuáles se había obsesionado un poco más cada vez. Le hubiera gustado asegurarse si en verdad era que existían las químeras encargadas de hacer eterno su castigo, o aquellos seres divinos de sexo indefinido y hermosura inigualable.
Le hubiera gustado saber si existía algo, lo que fuera, cualquier cosa que le dijera que él existía, en la dimensión inclusó menos imaginable pero que el estaba vivo para alguien. Qué no era solo un recuerdo vacío, olvidado e inútil como lo estaba ahora.
Muerto. Sentenció nostalgicó, tatuando la palabra en su cuerpo sintiendose desaparcer; el incontenible deseo de desahogo vino a sus ojos mientras en posición fetal acariciaba su piel, porque no quería estar muerto, ¡en verdad que no! una parte de el aún se negaba a la idea de tener que lidiar con este maldito problema de ya no respirar.
- Muerto - escupió al fin contemplando las flores colocadas apenas un momento atrás – No quiero estar muerto - sentenció derrotado
- ¿Y qué se gana con seguir vivo? - susurró suave y dulce, una conocida voz a su lado - Estar muerto ahora o estar muerto mañana ¿cuál es la diferencia? – alegó lentamente en una sonrisa actuada
- Hablas como si vivir no fuera importante - Moqueo tímido por lo bajo aún inmóvil sobre la cama esperando señales convincentes de que no fuera otra alucinación más como tantas lo habían sido en su vida.
- ¿Qué has conseguido estando vivo? - soltó satirícamente
Descubrió su rostro cuando volvio a escucharle, el mundo pareció tomar forma nuevamente dispersando todas esas palabras en su cabeza, se atrevió por primera vez a moverse, quería volver a conocer el sonido de su voz pues no recordaba que fuera tan grave. Notó los cables que le alimentaban, tomó conciencia de todos aquellos aparatos que producian esos sonidos graciosos a su alrededor, escuchó las voces al otro lado, contempló la forma de la habitación y se dio cuenta de lo ridículo que seguro se debío haber visto siendo el espectador de su propio yo.
Sonrío idiotamente, la respuesta fría no era lo que hubiera preferido como bienvenida, quizá solo fue la manera en que lo dijo lo que le parecía incorrecto, pero, había llegado en el instante que sintió toda su cordura escapaba de su cuerpo, en ese momento cuando sintió no ser ya más nada. Satisfecho, lleno sus pulmones de amarga alegría mírandole tiernamente. Cerró sus ojos sin miedo aún con esa sonrisa sincera en el rostro, sintió y olió el rocé inhospito del viento que probablemente anunciaba la llegada del otoño. Por primera vez en su vida probo eso que se pronuncia como felicidad.
- Lluvia – murmuró recordando el golpeteó del agua en el edificio
Rió seco apilando los escombros en su cabeza que formaban su memoria cuando por fin supó el fin con el que había llegado a aquel lugar estéril, ordinario, bañado en iluminación y sobriedad.
La felicidad es tan efímera que apenas si puedo recordar el sabor de ese momento.



